Psicología y alimentación

Psicología y alimentación

Siguiendo con el interés por la Psicología y sus avances, incluiremos la importancia de la alimentación y su influencia en el funcionamiento del cerebro.

Comer algunos alimentos de manera continuada significa someternos a una situación de estrés, con la consiguiente alteración del sistema nervioso autónomo.
Patatas fritas, coca-cola, pasteles, galletas, todo tipo de harinas refinadas, lácteos para los adultos, pasta, cereales en exceso, azúcar, etc.

No solo es importante lo que comemos sino la frecuencia con la que ingerimos.

Tendremos en cuenta estos dos factores, la calidad y la frecuencia.
Cada vez que comemos nuestro aparato digestivo convierte el alimento en glucosa y la lanza al torrente sanguíneo. El páncreas se encarga de producir una hormona llamada insulina, necesaria para conducir la glucosa a las células y producir energía.
La consecuencia de la ingesta continuada es la producción constante de insulina. La insulina tiene la misión de conducir la glucosa al interior de las células y de esta manera alimentarlas. Pero si nuestra ingesta es repetida a lo largo del día, y está basada en carbohidratos refinados, los cuales carecen de vitaminas, minerales y solo contienen calorías vacías, nuestras células, carecerán de nutrientes. Seremos personas con carencias, desvitalizadas y desmineralizadas, con sensación de agotamiento, fatiga, con dificultades para pensar y tomar decisiones, sin motivación, tristes y depresivas.


Si ingerimos continuamente, el páncreas estará constantemente trabajando, produciendo un exceso de insulina, hiperinsulinemia e hiperglucemia, con un aumento continuo de glucosa en sangre. Por lo tanto, tendremos un páncreas trabajando sin parar, y ya sabemos lo que ocurre cuando no dejamos de trabajar, nos agotamos. Al páncreas le ocurre lo mismo, se agota, y al tiempo las células crean una resistencia a la insulina. “Tenemos suficiente insulina, ya no queremos más, dicen las células”. Parte de la glucosa se queda en sangre. Por lo tanto, creamos un terreno adecuado para la producción de enfermedades metabólicas como: diabetes tipo II, hiperactividad, hipertensión, arterioesclerosis, ansiedad, falta de concentración, mal humor, fatiga, falta de motivación, depresión, obesidad, dificultad para tomar decisiones, etc.

Una de las sugerencias es controlar la ingesta entre comidas y reducir las comidas a tres: desayuno, comida y cena.

Comidas que estén compuestas de proteínas, hidratos de carbono y grasas ( omega 3).

Elena Guerrero
Psicóloga Clínica

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